jueves, 30 de agosto de 2012
Slenderman
lunes, 26 de diciembre de 2011
El hombre perfecto (II)
Empleó quince minutos en preparar un nutritivo desayuno para dos. Leche y cafe, tostadas con mantequilla o mermelada y zumo de naranja natural, colado para él y con pulpa para su "bello durmiente". Pero faltaba su acompañante así que regresó a la habitación y entró sigilosamente. Se sentó en la cama y lo besó en la frente con un "Buenos días cariño". En respuesta recibió un par de gemidos y un veloz movimiento gatuno con el que se escondió bajo las sábanas. En su segundo intento por despertarlo se acercó a la ventana y la abrió, dejando entrar la brisa matutina, un aire frío característico de esa estación del año. Respiró hondo varias veces llenando sus pulmones y cuando la nariz comenzó a enrojecérsele se giró y lo descubrió observándolo a través de un hueco bajo las sábanas. "Bueno, supongo que tendré que comérmelo todo yo solo", dijo fingiendo no haberlo visto y dirigiéndose a la puerta. Salió corriendo de su escondite y lo alcanzó en la mitad del pasillo, donde lo agarró de la mano durante el trecho que quedaba hasta llegar a la cocina.
Desayunaron juntos, uno viendo la televisión y el otro haciendo el crucigrama de un periódico viejo. De vez en cuando se miraban y sonreían cómplices, pero no hablaban. No importaba, pues tendrían todo el día para hablar, lo importante era poder disfrutar de un día entero para ellos.
Terminaron de desayunar y tras anunciar que pasarían el día fuera de casa, ambos fueron a prepararse. El madrugador incluso tuvo tiempo de recoger lo ensuciado en el desayuno y ya esperaba en la puerta de salida cuando el holgazán llegó al recibidor. "¡Pero que guapo estás, Bruno!", le dijo mientras le ofrecía el abrigo y las manoplas. Se sonrojó y una sonrisa rápida se perfiló en sus labios, a la que siguió una cara seria y orgullosa que trataba de ocultar su vergüenza. "Tú también estás muy guapo, papá", respondió allí plantado mientras se ponía sus pequeñas manoplas. Entonces él se sonrojó, sonrió y lo ocultó tras un semblante serio.
lunes, 19 de diciembre de 2011
Donde viven los unicornios
En tal escena nos encontramos Álvaro y yo. Después de tantos días de lluvia, una tarde al aire libre es de agradecer. Nos ponemos al día con los últimos cotilleos, aunque al vernos diariamente no tenemos mucho nuevo que decir. Hablamos de nuestros quehaceres para los próximos días y quedamos en hacernos compañía el uno al otro en tediosos recados como hacer la compra o comprar los regalos de navidad.
En la Herradura también puedes encontrar a mucha gente haciendo footing, pero nosotros preferimos sentarnos y observarlos. Nuestras conversaciones se ven interrumpidas por frases del estilo de "Me lo pido" que se continúan con "Sabes que es totalmente mi rollo" o "Solo te lo pides para fastidiarme a mi".
Entonces nos centramos de nuevo y esta vez hablamos del último libro que hemos leído. Stardust. A pesar de mi estricta política de no comprar libros que se publicitan con portadas en las que aparecen los personajes de las películas a las que dan lugar, es un libro que tenía muchas ganas de leer, y lo encontré a un buen precio así que lo compré. Después de haberlo leído se lo dejé a Álvaro. Comentamos que nos ha gustado más la película, en la que la historia parece tener mucha más acción y el papel de Michelle Pfeiffer nos ha enamorado. Sin embargo, en la película no le dan casi importancia al unicornio que ayuda a la protagonista.
Y es aquí donde comienza el debate que volverá a nuestras vidas tantas otras veces. Como siempre pasa en estas cosas, no recordamos el inicio de la discusión, pero sí la base. Unicornios, ¿realidad o ficción? Álvaro se posiciona escéptico, yo defiendo su existencia. Y me indigno, pues pensaba que tendría su apoyo, ya que ambos tenemos un gusto similar en cuanto a cosas que la gente cataloga de irreales. Aunque quizá esa sea la diferencia entre nosotros, a ambos nos gusta, pero solo yo me lo creo.
Pues no estoy dispuesto a dejar de creer en unicornios. Son seres que representan todo aquello en lo que la gente debería creer. Y si el mejor tema para rebatir la existencía de estos animales es que nadie los ha visto nunca o que, si en realidad existen, deberían encontrarse en algún sitio, he de decir que ya sé dónde viven los unicornios. Viven en mis sueños.
viernes, 16 de diciembre de 2011
Viernes 16 de diciembre de 2011 - Patos y ancianas
Había más personas en la colina. Gente a la que no había afectado el hechizo pero con una expresión perdida. Unas horas antes, los patos habían sido sus maridos o sus mujeres, sus hijos y sus hijas, amigos, parejas, hermanos y abuelos. Siguió buscando hasta bien entrada la tarde y encontró a su hermano pequeño anadeando entre unas rocas. Él lo reconoció enseguida y se acercó con los ojos humedecidos por las lágrimas. "Venga, vamos, la abuela lo arreglará".
Bajaron la colina y se encontraron con un parque atravesado por un camino a cuyos lados se levantaban árboles frondosos que cobijaban a los posibles paseantes. Después de unos quince minutos bajo los árboles el camino se desdoblaba a la izquierda, hacia un cenador donde esperaba sentada una anciana calcetando. "Abuela, aquí están. ¿Estás segura que no han nacido para ser patos? Ya es la tercera vez en este año que los transforman". Pero no obtuvo respuesta alguna, la anciana ni siquiera lo miraba. Buscó aquello que captaba la atención de su abuela y la vio. Una vieja demacrada con un vestido harapiento y roto. Podría haber sido la abuela de la anciana en el cenador. Hablaba con un señor de unos 40 años que solo tenía ojos para la mujer y el niño a la espalda de la anciana. También parecían estar secos por dentro, con ropas demacradas por el tiempo.
"Vamos abuela, no podemos hacer nada. Tiene que superar la prueba por sí mismo. Además tienes que ayudarme con estos dos." Recogió sus labores sin apartar la vista del variopinto grupo junto a la rosaleda. Se levantó y se agarró al brazo de su nieto al mismo tiempo que el hombre corría hacia la mujer y el niño, que ahora parecían llenos de vida. La familia reunida caminaba por el parque seguidos de cerca por la vieja. Entonces la abuela miró a su nieto y a sus extraños acompañantes y dijo: "Parece que la Viuda volverá a ganarse unos años más a costa de esa pobre alma. Eloy, los que se han ido no pueden regresar, no llores por mi cuando ya no esté". "Aún queda mucho para eso, abuela".
viernes, 9 de diciembre de 2011
Besé una rana y se quedó rana
Esto también explica por qué me gusta tanto usar los transportes públicos. Metro, autobús, tren... Cualquier pequeño desplazamiento hace volar mi imaginación. Pueden sentarse a tu lado con ganas de conversación o simplemente interesarse por el libro que lees o la serie que miras en el portátil. Pero para disfrutar de un buen libro mientras imaginas cómo conoces a tu futura pareja, lo mejor es llevarte el hobbie más alla de la puerta de casa. Buscar un parque grande y transitado, pero tranquilo al mismo tiempo, en el que poder disfrutar de la lectura al mismo tiempo que fantaseas con la posibilidad de que se te acerquen con el pretexto de haberse enamorado a primera vista.
Nada más lejos de la realidad. Chicos que hacen gestos lascivos en los pasillos del supermercado. Taxistas que insinúan carreras gratuitas a cambio de sexo. Billetes de tren en los que queda escrito un nombre y un teléfono junto con un "¿follamos?". Viejos verdes que se te acercan en la estación de tren y entablan una conversación que termina con un "vente que te llevo en mi coche". Hombres que se soban su virilidad mientras intentas leer sobre caballeros que pasean por los jardines de Netherfield Park.
Cosas así te despiertan como un cubo de agua fría.
martes, 19 de julio de 2011
El hombre perfecto (I)
Se enciende el despertador y suena un programa radiofónico. No se inmuta. Me sorprende la gente que consigue que un despertador pierda la función para la que ha sido creado. Dejo que la voz del presentador hable durante cinco minutos más y me dispongo a apagarlo. Como si leyese mi mente, mientras alargo mi brazo para detener la radio, abre los ojos y me sujeta. Sonríe antes de abrir los ojos, me da los buenos días y nos besamos. Se sienta en la cama para ponerse sus zapatillas mientras me dice que no apague la radio porque la canción que están poniendo le recuerda a mí. En realidad se que solo lo dice para que no la apague. Se levanta, corre las cortinas y sube la persiana haciendo que entre la luz en la habitación y creando, desde mi punto de vista, la silueta de un adonis en ropa interior a contraluz.
Observo los movimientos que lo llevan al baño. El sonido de la ducha hace que decida levantarme. Subo el volumen de la radio, busco una camiseta que ponerme y me dirijo a la cocina para preparar el desayuno. Me encanta tener tiempo para desayunar. Cuando entra en la cocina está listo para un largo día de trabajo. Disfrutamos de un café, zumo y un par de tostadas en silencio. Seguramente piensa en el proyecto que debe presentar en un par de horas. Yo pienso en la suerte que he tenido al conocerlo. Se da cuenta de que lo miro y me dedica una sonrisa lampiña. Me pregunta qué opino del atuendo escogido para la preentación y ahora soy yo el que sonríe, pues el traje que lleva se lo regalé yo.
Aprovecho para ducharme mientras él termina de prepararse para salir a la calle. Salgo de la ducha cuando él termina de cepillarse los dientes. Dice que llega tarde. Me besa y me desea un buen día. Me quedo de pie, paralizado por ese beso y veo como coge su maletín. Cuando está a punto de salir del dormitorio reacciono y le deseo suerte en la presentación. Él se gira y, guiñando un ojo, me dice que siempre ha sido un chico afortunado.
Escucho la puerta cerrarse y después la campanilla del ascensor, que hace terminar mi ensimismamiento. Me dispongo a lavarme los dientes cuando descubro un mensaje escrito en el vaho del espejo. Te quiero.
domingo, 6 de marzo de 2011
El arte de escribir
A día de hoy, las siete artes clásicas serían las siguientes: pintura, escultura, danza y teatro, literatura, arquitectura, música y cine (el séptimo arte). Pero la forma de expresar los sentimientos evoluciona como lo hace el ser humano, por eso se suman a las siete artes clásicas, las artes modernas: el Arte Povera, la pintura de acción, el arte genético, el happening, el body art, el arte digital y el arte conceptual.
Después de esta introducción un tanto didáctica vayamos al meollo del asunto. Hace un par de semanas durante una tarde de estudio en casa de Carmen, acompañados de sus compañeras de piso, surgió la polémica pregunta. Seguramente producto de un hastío general, aparcamos los apuntes durante un par de horas para perdernos entre las palabras de un debate que no llegó a buen puerto.
¿La literatura es arte? Así comenzó todo. Una de las compañeras de piso de Carmen se me acercó en uno de sus descansos (mucho más numerosos que los nuestros) para plantearme la susodicha cuestión. Yo no lo pensé. Un "¡Por supuesto!" fue mi respuesta refleja. Ella estaba de acuerdo conmigo, o eso creía yo. Su siguiente pregunta fue: "¿Pero toda la literatura es arte?". Esta vez me lo pensé un poco más, pero mi respuesta continuó siendo la misma. Ahora ella no estaba de acuerdo conmigo. En ese momento no pude más que pensar en J.K.Rowling. ¿Por qué un libro (o más bien una saga) que ha hecho sentir tanto a tantísima gente no podría considerarse arte? Y así lo planteé pero mi reputación me precedía y me tacharon de simple y de llevar todo siempre al mismo terreno. Me dijo entonces que por qué bromeaba si estábamos manteniendo una conversación seria. A su parecer, la saga de Harry Potter no podría considerarse arte porque no está al mismo nivel que Shakespeare o J.R.R.Tolkien.
Expongo ahora el mismo ejemplo pero para otro arte diferente, la música. Esta vez escogí como ejemplo infravalorado a Laura Pausini porque sabía que los italianos la odian. De nuevo me preguntó que por qué bromeaba cuando intentabamos mantener una conversación seria. A su juicio y parecer, la música como arte la alcanzaron los grandes, entendiéndose a éstos como Mozart, Chopin, Beethoven... Y por supuesto que no se puede comparar a Mozart con Pausini, pero eso no quita que lo que haga el austríaco sea considerado un arte y lo de la italiana "cuatro acordes y una voz".
En este punto comenzamos a debatir sobre lo siguiente, si toda la literatura o toda la música es arte, entonces cuando silbamos o escribimos en nuestro blog, ¿también se trata de arte? Si entendemos el arte como la expresión de nuestros sentimientos y la publicación de éstos para que otras personas experimenten con ellos, pues si, cuando escribo mi blog es arte y no, cuando transcribo las diapositivas de ginecología o canto debajo de la ducha no es arte.
Y el problema era simplemente que ella no aceptaba la definición de arte como tal. En su cabeza había una nueva definición, creada a base de destruir sus teorías a lo largo del debate. En su opinión una obra de arte tenía que transmitir el mismo sentimiento a TODO el mundo. ¿Y cómo puede ser esto posible? Cada uno de nosotros hemos vivido distintas experiencias a lo largo de nuestra vida que nos hará ver, por poner un ejemplo, el vaso medio lleno o medio vacío. Me explico, por ejemplo no todos sentiremos felicidad y alegría cuando veamos un payaso en un cuadro.
Entonces la siguiente pregunta estaba clara. ¿Cual es una obra de arte para ti entonces? Y es que es imposible que me pueda decir una según lo que entiende ella por arte. Y entonces menciono "Romeo y Julieta" porque al final todos experimentamos la desdicha cuando ambos mueren y con ellos su amor. Yo me reí. Le dije que no había leido esa obra pero que seguramente no me sentiría triste e incluso puede que me hiciese gracia. A partir de este momento me dijo que yo no podía opinar si no la había leido y me enfadé. Le dije que no quería seguir hablando si no encontraba a otra persona que pensase igual que ella.
Muchas veces me enfado cuando debatimos pero soy consciente de que existen más puntos de vista que el mío. Otras veces ya evito debatir con quien tiene una opinión completamente opuesta a la mía (sobre todo cuando no hablan mi idioma). Pero una cosa si sé, se puede debatir sobre la eutanasia, el aborto o la política, pero no se pueden discutir sobre, por ejemplo, la definición de la gravedad o la evolución del hombre, al igual que no se puede discutir la definición del arte.
En mi opinión, uno puede debatir sobre la que piensa que pueda ser arte o lo que no, pero no se puede decir que "Literati" de Barry McCrea sea "menos arte" que una obra de Shakespeare solo porque lo haya leido mucha menos gente. Porque, aunque fuese yo el único que lo haya disfrutado, ya eso bastaría para considerarlo arte ya que su autor dejó sus sentimientos impresos y yo pude disfrutarlos durante un par de días.
jueves, 7 de enero de 2010
La espera
Los acontecimientos de aquel día volvieron a tomar protagonismo en mi mente. Fue un día como cualquier otro. Las clases en la facultad ya habían terminado y volví a casa para las vacaciones de Navidad. Me invitaron a una de esas cenas en las que la comida brilla por su ausencia y el alcohol inunda las venas. Como era de esperar, poco tiempo me llevó llegar a un estado elevado de desinhibición que prometía que sería una noche estupenda.
Sonó el despertador. Me levanté sin ganas y fui al baño con la esperanza de que una ducha me espabilase un poco. Los exámenes estaban a la vuelta de la esquina así que mi intención era ir a la biblioteca. Con muy pocas ganas desayuné algo y me preparé para salir a la calle. El día no propiciaba el buen humor pues llovía a mares, aun así, paraguas en mano, me dirigí a la biblioteca. Sin embargo, cuando esperaba para cruzar en el paso de peatones, en el otro lado de la calle y con la vista perdida, lo vi. Era uno de ellos.
Los planes de aquella noche fueron como los de cualquier otra. Pocas veces hacíamos algo diferente. Primero un par de copas en el pub de siempre y luego cambiaríamos de lugar para pasar la noche bailando y “cazando”. Unos minutos después de llegar al segundo local, alguien se acercó a mí y me cameló con sus palabras. Me cogió la mano y me llevó al baño. Estaba ocupado pero poco nos importó, solo una mirada fue suficiente para hacer entender al ocupante que no sobraba. Con la música y el griterío de fondo nos entregamos a la pasión y el desenfreno, aunque ellos de forma mucho más experimentada que yo. Quizá fue causa del alcohol o quizá el fuego que corría mi interior pero la falta de preservativos no fue un impedimento para llegar hasta el final.
El semáforo se puso en verde y mientras cruzaba busqué su mirada, pero él no me reconoció. A 50 metros de la entrada a la biblioteca sentí que me faltaba fuerza para seguir avanzando y decidí volver para casa. No quería estar rodeado de gente. En los últimos dos meses noté como aumentaba mi irascibilidad, no tenía ganas de hablar con nadie, no tenía ganas de reír. Mis amigos lo notaban e intentaban animarme, pero eso solo me alejaba aun más de ellos. Ya no cogía las llamadas al móvil, de hecho estaba apagado la mayor parte del día. Solamente lo usaba para llamar de vez en cuando a casa para decir que todo iba bien. Una mentira piadosa.
Una vez en casa intenté sentarme en el escritorio para estudiar pero mis pensamientos no me dejaron. Fui al salón y encendí la televisión esperando que la programación limpiara mi mente pero no fue así, pues alguien estaba hablando de su primera vez que mantuvo relaciones sexuales. Un baño no es un buen lugar para una primera vez.
Cuando volví al lugar donde había dejado a mis amigos no los encontré. Quizá tardé más de lo que imaginaba. Cogí mi abrigo y, con pocas ganas de irme para casa, salí del local. Dos chicos me miraban desde un banco cercano. El alcohol me animó a acercarme y pedirles un cigarrillo. Me lo dieron y durante 5 minutos quizá mantuvimos una agradable conversación, pero los tres sabíamos cómo acabaría todo aquello. Me invitaron a su casa y acepté pues aun me quedaban fuerzas para mucho más. En la comodidad de una cama las cosas son mucho más sencillas y placenteras que en un baño de discoteca. Era tanta nuestra excitación que resultaba difícil utilizar un preservativo sin romperlo, pero eso no nos importó. Además, ¿qué importaría utilizarlo ahora, después de no haberlo utilizado en los baños?
Una luz brillante me despertó. Seguía sentado en el sillón pero ya había oscurecido. Un trueno inundó el salón. Cogí el teléfono para llamar a mi madre pero estaba recibiendo una llamada. Eran mis amigos con plan para esa noche. Inventé una excusa aunque seguramente no fue creída. Llevaba dos meses sin salir y sin beber, pero aunque esa noche me apeteciera, no podía. Al día siguiente tenía una cita con mi médico.
Cuando me levanté la cabeza me daba vueltas. No sabía como había llegado a casa pero allí estaba, tumbado en mi cama con la ropa todavía puesta. Intenté recordar lo que había ocurrido la noche anterior, y cuanto más recordaba, más prefería vivir en la ignorancia. Me duché y limpié a conciencia aunque sabía que no era de mucha utilidad, aun así pasé ese fin de semana prácticamente en la ducha. Fue el lunes cuando decidí pedir cita con mi médico. Mi madre estaba decidida a acompañarme como hacía siempre, pero la convencí con el pretexto de que ya era mayor y que solo iba a pedir cita para hacer unos análisis porque me sentía débil. En parte era cierto, pues análisis sí que me haría.
Sin haber dormido nada absolutamente, me duché para despejarme un poco y me dirigí a la consulta donde esperaba mi médico con los resultados de los análisis. El camino y la espera se me hicieron interminables. Tenía ganas de irme. No quería saber los resultados. ¿Qué pasaría si…?
Me llamaron y entré en la consulta. Me senté, aguantándome las ganas de llorar, aunque mis ojos estaban llenos de lágrimas. El médico me miró compasivo y me dijo que podía estar tranquilo, pues la prueba era negativa. El alivio empezó a crecer dentro de mí a la misma velocidad que cambiaba el semblante compasivo del doctor a otro mucho más autoritario con el que me advirtió para no tropezar dos veces en la misma piedra.
Han pasado los años y ahora no me relaciono ya con ninguna de aquellas personas que compartían mi vida y que vivieron ajenas a mis problemas. No me quejo de mis nuevas amistades cuyo vínculo se afianza más día a día. Aunque el miedo sigue formando parte de mí. Los ataques de ansiedad, cuando salgo por las noches, han ido remitiendo hasta convertirse en unos fuertes nervios. Aun evito conocer gente nueva si puedo, pues no me siento cómodo con ello. Siento que aquel año perdí algo, aunque trabajo día a día para encontrarlo. Aquellos dos meses son un mal sueño que aun me despierta algunas noches. Noches en las que me pregunto, ¿qué pasaría si diese positivo?martes, 1 de diciembre de 2009
Reflexiones de una serpiente de cascabel
Me acomodo en el sillón y me tapo con una manta. Enciendo la televisión y busco La sexta porque a media mañana ponen ese programa que tanto me gusta en el que hablan de crímenes "casi" perfectos. Lo que me encuentro a estas horas en dicho canal me dan ganas de cambiar y no volver a sintonizarlo. Liz, exconcursante de Gran Hermano, presentando un call tv (término que aprendía hace tan solo unos días, para mi siempre fueron los programas de timos telefónicos). No entiendo cómo caras públicas se ofrecen o aceptan un trabajo como este. ¿Cómo pueden dormir tranquilos sabiendo que están engañando a tanta gente? Por suerte le quedaban solo unos minutos al programa, pero minutos de los de verdad, no de esos de duración dudosamente larga. En el programa había que descubrir la imagen diferente a las demás. Yo no la encontré. Mientras tanto la presentadora se jacta de lo sincera que es cuando nos dice que el juego no es sencillo, pero que el premio lo merece. Y, ¡tanto que lo merece! ¡Son 78000 euros!
Como siempre, a unos segundos de terminar el programa alguien llama y acierta. Quizá la fiebre me impedía pensar bien en ese momento porque me alegré por la llamadora y por todo el dinero que se iba a llevar (más tarde empecé a creer que se trataría seguramente de alguna de las guionistas del programa). Pero lo peor de todo es que ni tan siquiera el premio era algo real. Tan solo había 1000 euros para el ganador. Los otros 77000 euros te los llevas si aciertas 4 letras ue hay dentro de un sobre. Solo puedo dar gracias por no tener amigos tan "sinceros" como Liz.
Después de ver dicho timo y antes de quedarme dormido pensé que en la televisión muchas veces podemos dudar si algo es real o no, pero por eso es televisión. Lo que me da rabia es que me tomen el pelo y me hagan creer que algo es real cuando no lo es, como ocurre con "Esta casa era una ruina" o "Reforma sorpresa". He visto muchos capítulos de las versiones americanas de ambos programas y en ninguno pense que hicieran algo a propósito. Al contrario que en los nacionales, donde todos los contratiempos parecen ensayados.
Y ahora me pregunto a mi mismo, ¿que cosas sientes por la letra A? Cuando veo estos programas que engañan y juegan con la gente, el sentimiento por la letra A que recorre mi cuerpo es Asco.
jueves, 26 de noviembre de 2009
Cadenas oxidadas
Unos meses antes de alcanzar la mayoría de edad ya le daba vueltas al tema en mi cabeza. Mi primera vez fue algo frustante. Montar en bicicleta no era lo que yo tenía en mente. Quizá fue culpa de los ruedines, que no me dejaban experimentar por completo el momento al que le había dado tantas vueltas. Sentía vergüenza por ser un inexperto y, además, porque todo el mundo lo supiese. Pero tras un par de prácticas conseguí deshacerme de ese lastre. Los ruedines no eran más que un recuerdo y dejaron paso a enriquecedores momentos de velocidad y desenfreno. Durante dos años disfruté de agradables paseos y magníficas carreras con gente a la que también le apasionaba montar en bicicleta.
No recuerdo el día que decidí aparcar mi bici en un rincón del garaje. Solo sé que ocurrió algún día hace aproximadamente unos cuatro años. Al principio la echaba de menos, pero con el tiempo ese sentimiento se ha ido extinguiendo, saciado más que sustituido, quizá, por otras prácticas.
Quiero volver a montar en bicicleta pero tengo miedo. Alguien dijo una vez que eso nunca se olvida, pero debió ser alguien que, aunque no diariamente, practicaba con frecuencia. Ahora temo no mantenerme en pie de nuevo, una imagen que no es plato de buen agrado en alguien con mi edad. Temo a aquellos ruedines.
lunes, 16 de noviembre de 2009
16 de noviembre de 2009
Yo había llegado un año atrás y no conocía a nadie en la residencia. Podría decir que me sentía mucho más que solo, de haber una palabra para ese sentimiento. Pero conocí a Sonia y todo cambió. Estábamos separados la mayor parte del día durante las horas de clase y sueño, pero cuando nos juntábamos en las horas comunes éramos uno solo. Quizá ella se sentía como yo y por eso mantuvimos una relación tan estrecha desde tan temprano. Nunca se lo pregunté.
Pasábamos inadvertidos en la residencia. Éramos buenos dentro del aula, pero eso nunca fue una cualidad que llamase la atención. La gente prefiere ser amigo del chico que se tira a más chicas, o de la chica que se abre más de piernas, y aquí no era diferente a cualquier otro sitio. No sé cual era la relación que mantenía Sonia con sus compañeras, pero la mía con los chicos era prácticamente nula. No quería abrirme a ellos y pasar a ser el bicho raro acosador de hombres, el marica del ala oeste, y relacionarme con ellos sin llegar a contarles mi secreto no era una opción porque no me gusta mentir a los demás ni engañarme a mi mismo.
Mi compañero de habitación se llamaba Juán. Él se abría conmigo e intentaba que yo también lo hiciese con él, pero yo me mantenía distante, aunque me resultaba agradable escucharlo. Seguramente por ello Juán me eligió como su confidente, porque sabía que no contaría a nadie lo que me dijese. ¿A quién se lo iba a contar? Y así transcurrían los días, yendo a clases con gente que no conocía, pasando mi tiempo libre con Sonia (en el patio cuando el tiempo lo permitía y en la sala de entretenimiento cuando las nubes cubrían el cielo y la lluvia el suelo), y las noches en mi habitación leyendo o eschuchando las últimas conquistas de Juán o sus futuras "pretendidas".
Pero aquel viernes fue diferente. Era un día de tormenta de esos en los que la oscuridad lo cubre todo a pesar de ser las 4 de la tarde. Me dirigía a mi habitación cuando me asomé a una de las ventanas del pasillo de habitaciones desde donde se podía ver el patio de recreo. Al otro lado del patio estaba Sonia. Supe que era ella por su pelo negro azabache, que se confundía con la oscuridad de su entorno, y su peculiar vestimenta, siempre repleta de colores que evocaban el renacer de las flores en primavera. Estaba bajo la lluvia abriendo el grifo de desagüe. Seguramente la asignaron encargada de vigilar que el patio no se llenase de agua. Cogí un paraguas y fui a su encuentro. Al llegar me di cuenta que estaba en lo cierto cuando pensaba que estaba teniendo algún problema. Sonia no era capaz de abrir el grifo. El nivel de agua en el patio llegaba ya a los tobillos. Cogí un madero en la obra del nuevo invernadero y golpeé el grifo hasta aflojarlo.
- ¿Por qué has venido sola a abrir el grifo? ¿Cómo no me has avisado?
- No estoy sola
Me lo dijo señalando al suelo. Allí estaba su gusano. Una babosa fea y exageradamente grande. Pero Sonia desarrolló una compenetración especial con el anélido. Ella le hablaba como me hablaba a mi y él le respondía (si es que a un "uiiiiiiiiiiii" se le puede considerar respuesta). De camino a la residencia ocurrió que el gusano de Sonia se cubrió con hilo de seda. Fueron solo unos segundos. Cuando volvimos a verlo se había transformado en una especie de disco azul con un pico y unos ojos negros enormes. No tenía patas porque se mantenía levitando en el aire. Nunca llegué a entender cómo un bicho tan feo como aquel se convirtió en algo tan adorable. Quizá fue el amor que encontró en Sonia y que otros no le habrían dado.
Entramos en el edificio y el ambiente era extraño. Todos estaban en el hall de la residencia. En la puerta principal había cuatro hombres de las fuerzas especiales y uno de ellos cogió al "disco-levitador" de Sonia, lo metió en una bolsa y se lo llevó. Los otros 3 personajes nos cerraron el paso y nos impedían salir al exterior con el pretexto de una cuarentena permanente. Cerraron la puerta y la tapiaron desde fuera. Estábamos encerrados. Todos nuestros compañeros, hace unas horas muy adultos como para juzgar y reirse de sus semejantes, se comportaban ahora como los niños que eran, amedrentados y escondidos tras las esquinas. Sin las varitas nadie se sentía valiente. Era muy raro que el día anterior hubiesemos tenido que entregarlas en la tienda del final de la calle para una "limpieza de hechizos".
Convencí a Sonia para que se quedase y cuidase de los demás. En el nuevo invernadero había una puerta que daba a la calle de atrás, con suerte no la habrían tapiado aun. Estaba en lo cierto. Salí oculto en la oscuridad de la tormenta y me dirigí a la tienda en busca de mi varita. Me pidieron mi DNI y se lo entregué. La mujer desapareció detrás del mostrador y volvió después de rato más bien largo.
- ¿Qué deseas?
Me lo olía. Algo me decía que no sería tan fácil. Exasperado le exigí que me devolviese mi varita y ella me pidió el DNI de nuevo.
- Sin identificación no puedes exigir nada. Pero puedes ver en esa estantería de ahí si hay algo que te interese
En la estantería había un montón de varitas. No. No eran varitas, sino pinceles que echaban un par de chispas para contentar a su usuario. Me volví loco y fui de nuevo al mostrador, apoyé mi pecho en él y cogí un par de carpetas que había en el otro lado. En una de ellas había un monton de carnets de identidad. ¡Complot! Estaban robando las varitas y las identidades de la gente y luego las encerraban en cuarentena. La dependienta llamó a la policía. Justo lo que yo deseaba, era imposible que, con las pruebas que tenía, esta gente saliese impune.
Llegó el guardia pero se puso en mi contra casi antes de darme tiempo a desearle unos buenos días. Me parecía imposible. Todo el mundo estaba metido en el asunto. El guardia sujetaba mi brazo con fuerza pero intente soltarme con todas mis fuerzas. Las "varitas-pincel" de la estantería cayeron al suelo y comenzaron a lanzar sucedáneos de hechizos por todas partes. Aproveché que bajó la guardia para coltarme y salir de la tienda. ¿Dónde puedo ir?
Sonó el pito de un coche y vi a Sonia que me hacía señales desde dentro. Entré en el asiento del copiloto y el coche arrancó cuando no había siquiera cerrado la puerta. Conducía Juán.
- ¿Cómo se te ha ocurrido salir tu sólo? ¿Por qué no me has pedido ayuda? Sonia me lo contó todo y salimos a buscarte. Los demás estarán bien en la residencia. No quieren ya nada más de ellos. ¿En que estabas pensando Eloy?
- No pensaba. Además, ¿qué te importa lo que me pase?
- ¡Claro que me importa! ¿No te has dado cuenta que en realidad me importas? Eloy, ¡te quiero!
- ...
- Llevo mucho tiempo queriendo decírtelo pero temía no ser correspondido. Cuando Sonia me contó que te habías ido, pensé que podría pasarte algo y no pude soportarlo.
- Pero no me pasó nada.
- ...
- Juán... Yo también te quiero... Pero, ¿estás teniendo tu también este sueño? ¿Cuando despiertes te acordarás de ese sentimiento igual que me acordaré yo?
- ...
martes, 10 de noviembre de 2009
¡Qué nervios!
Y esto lo dice un experto en el tema, pero no en el tema del amor, en el que soy un completo inepto, sino en el de los nervios. Pero no siempre fue así. Cuando era pequeño me apuntaba a todas las funciones escolares. Me gustaba mucho bailar y actuar para un público muy familiar. No hace falta tirarse de un puente enganchado a una cuerda para que te suba la adrenalina. Eso era lo que yo sentía. Recuerdo que la última vez que me subí a un escenario fue en 1º de bachillerato para representar al príncipe cuando era mendigo en "Le prince et le mendiant". De camino al colegio tuve tantas ganas de devolver que me dije a mi mismo que esa sería la última vez que me metería en algo así. Después de aquello tuve una vida de lo más normal. Salía por las noches como cualquier hijo de madre. Empecé a tener citas como cualquier chico que sale de su adolescencia para adentrarse en su juventud. Salía a la calle sin importarme el "qué dirán". Pero hoy en día siento que aquello era un sueño.
¿Cual ha sido el detonante que me ha cohibido de tal forma? Quizá fue aquella noche que me presentaron a aquel chico que me gustaba tanto. Tuve que sentarme en un sofá porque el estómago me pesaba tanto que no podía bailar. Todo el alcohol que corría por mis venas se volvió agua. Y allí estaba yo, sentado en una esquina, pensando en todo lo que podría pasar aquella noche, y eso hacía estallar mis nervios. Seguramente ese sea mi problema, pensar demasiado. Es algo que no puedo remediar.
Normalmente la gente no entiende por lo que pasa uno cuando le da un ataque de ansiedad. Te dicen que está todo en tu cabeza. Pero resulta que las cosas que están en la cabeza de uno son siempre las más difíciles de tratar. Pecaría de hipocondríaco si dijese que lo que me pasa se define como "ataque de ansiedad", pues no son más que nervios, pero me siento igual de incomprendido que los que padecen de lo primero. No es fácil convencerse a uno mismo de que todo está en la mente, quizá porque nos estamos rebelando contra nosotros mismos.
lunes, 2 de noviembre de 2009
Coto de caza permanente
No pude evitar rememorar estos días mi "síndrome del cazador". Así fue como llamó el novio de mi prima a mi "problema" con los chicos. Por supuesto esa enfermedad no existe, pero la analogía era buena. Lo que más le gusta al cazador es la caza (valga la redundancia), la persecución, la captura de su presa, sentirse más inteligente y fuerte que ella. Muchos cazadores sienten vacío cuando capturan lo que persiguen, por eso sueltan su presa y buscan una mejor si cabe.
No me gusta admitirlo, pues hacerlo sería admitir que soy una mala persona, y se que no es así. Pero muy a mi pesar es cierto, me siento identificado con ese diagnóstico apresurado recibido en alguna terraza. ¿Cuántas veces habré dicho "ese chico me gusta"? ¿Cúantas veces quise algo más que conquistarlo? Muchas y muy pocas. Me gusta conquistar a una persona. A día de hoy es lo que mejor se me da en una relación, más allá son caminos inexcrutados. Quizá este es el motivo por el que, desde hace unos años, no me animo a buscar nada ya que, cuando son otros los que te intentan conquistar, uno no se siente tan mal dejando marchar a su "presa".
Pero yo no quiero esto. Quiero que me guste una persona, quiero conquistarla, quiero mantenerla, quiero una relación con todas sus letras. Pero, ¿cómo "curarme" de una enfermedad que no tiene tratamiento? Igual la solución vendrá de la mano de alguien fácil de capturar pero difícil de domesticar.
lunes, 26 de octubre de 2009
TIC TAC
O pensar. No hay mejor momento para pensar que al acostarse. Tumbado en cama, mientras te quedas dormido, uno no puede evitar pensar en lo que ha hecho, o no, durante el día, planes de futuro, conflictos personales... También rondan nuestra mente fantasías con la esperanza de que ese pensamiento se prolongue en nuestros sueños...
Me gusta pensar. Ya me lo dijo Leire un día: "Piensas demasiado". Tenía razón. Podría pensar simplemente "tengo que ir a comprar el pan", pero en mi mente varias escenas de lo que podría pasar yendo a comprar el pan toman forma. Una luna naranja es producto del cambio climático y comienzo del apocalipsis de la humanidad. Las ratas de un laboratorio se transforman en clones humanos utilizados para experimentación médica.
Como dijo Descartes, "Pienso, luego existo". Y quizá por eso me guste tanto pensar, porque me hace sentir vivo, sentir que soy alguien. Espero poder seguir pensando por mucho tiempo.
jueves, 22 de octubre de 2009
En brazos de Morfeo
¿Por qué acabó gustándome el hecho de dormir? Como ya dije, me gusta tener siempre algo entre manos y he conseguido sacarle partido incluso al hecho de dormir, gracias a los sueños. Cuando estaba en el colegio me di cuenta que no es tan normal como yo creía que la gente tuviese sueños y se acordase al despertarse. En mi caso era algo frecuente, así que empecé a interesarme por el tema. Después de investigar un poco me enteré que llevar un diario de sueños es lo primero y más importante cuando alguien quiere jugar con sus sueños. Y a ello me puse. No tenía lo que se podría llamar un diario, sino hojas sueltas que, con los ojos hinchados de un recién levantado, encontraba en mi habitación. De haber descubierto alguien aquellas hojas no podría descifrar lo que ponía, pues la mayor parte de las veces eran palabras que solo tenían sentido en mi cabeza.
No se si fue gracias a escribirlo todo, pero empecé a recordar diariamente mis sueños. Después de eso todo fue mucho más fácil. Empecé a contar, a todo aquel que quisiese escuchar, mi último sueño. Entonces llegaron los sueños lúcidos, en los que uno se da cuenta que está soñando y puede hacer lo que le venga en gana. A estas alturas dormir se había convertido en un verdadero placer para mi. ¿Quién no lo disfruría? Me he convertido en un onironauta, quizá no en un experto, pero sí en un amateur que disfruta explorando.
Quizá por curiosidad alguien se pregunte qué clase de sueños tengo. Mentiría si dijese que recuerdo todos y cada uno de mis experiencias, sin embargo hay dos sueños que se repiten casi diariamente. En uno de ellos tengo poderes, telequinesis generalmente (habilidad me mover objetos con la mente) pero también el poder volar (que no lo controlo demasiado bien todavía, despegar es sencillo, mantenerse en el aire no tanto). Lo más curioso es que la telequinesis no la puedo usar a mi antojo, algo curioso en un sueño que supuestamente uno controla. Solo puedo usarla para ayudar a los demás y nunca en beneficio personal, aunq si para defenderme (seguramente influencia de 8 temporadas de embrujadas).
El otro que se repite con frecuencia empieza como cualquier sueño, en algún lugar, en algún momento, eso da igual. Sin motivo aparente soy consciente de estar dormido y me aburro. Y como siempre dije, "si te aburres practica el onanismo". Pero, ¿por qué masturbarse si tengo el mundo a mi disposición? El resto os lo podeis imaginar. Esto me hace pensar que mi subsconsciente quiere que sea una persona que no soy en realidad. Sin duda, los mejores sueños lúcidos que he tenido han sido en los que se han juntado estos dos de los que he hablado. Es genial poder hacer que alguien sea más alto o más bajito, más ancho o más estrecho, rubio o moreno, de pelo largo o pelo corto...
Para terminar tengo que decir que tener poderes o follar lo que no follo en realidad no son los únicos motivos por los que me encanta soñar. Y ahora toca ponerme sentimental. No se cómo explicar lo que tengo en la cabeza. No me he enamorado nunca pero cuando veo al chico sin cara en mis sueños siento algo que nunca he sentido antes. Quizá algun diá pueda decir que lo que soñaba si que era igual que estar enamorado. Al menos yo espero que así sea.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Noob bloggero
Y ahora escribiendo me pregunto a mi mismo quién soy y no se qué poner. Siempre pasa lo mismo, creemos saber quiénes somos pero cuando alguien nos pregunta nos quedamos en blanco y esperamos que algún amigo responda por nosotros. Igual que cuando alguien nos pregunta en el msn: "qué te cuentas?" y, aunque minutos antes te hayas enterado de que ganaste la primitiva y que aprobaste todos los exámenes que arrastraste a septiembre, lo único que se nos ocurre responder en ese momento es: "no se... qué te cuentas tu?".
Podría decir unos cuantos adjetivos sobre mi mismo pero quizá la gente no estaría de acuerdo. Prefiero que la gente me conozca por las cosas que hago, por mis opiniones, por lo que digo. Por eso escribiré e intentaré que este blog no caiga en el olvido.